Colección: Antologías
Nuevamente la palabra se dio cita a lo largo y ancho del país para interactuar con el alma a través de versos desgarrantes, esperanzadores, risueños y otros más oscuros y herméticos pero con la misma intención. En todo el país se le rindió homenaje a uno de nuestros poetas mayores como lo es Gustavo Pereira. Nosotros no nos podíamos quedar atrás y asumimos ser los fieles escuchas de uno de nuestros máximos poetas, que ha andado por los caminos de la palabra como todo un conde, Alcides Rivas Ávila, Le Comte Blue.
Mérida se ha convertido, o mejor aun se ha mantenido, como una fábrica de poetas donde las montañas se confabulan con lo urbano para crear una generación de jóvenes escritores que extrañamente se tutean con los no tan jóvenes con una sola intención: difundir la palabra para llegar a los más escépticos. No sólo la ciudad sino todo el Estado se engalanó para recibir a los aedas que tan solo con poemas debajo del brazo intentaron lo que los dioses siempre han de bendecir: crear un nuevo reino donde los poetas sean parte de una cofradía maravillosa, que sutilmente penetre las almas para conseguir al hombre nuevo.
La fiesta tuvo diversos matices con la fluidez del verbo de Floriano Martins (traducido por Hermes Vargas) y la suavidad en los versos de Amparo Osorio, la majestuosidad en la palabra wayuu de Bernardo Colones el clamor por la mujer anhelada en la poesía de José Gregorio González Márquez, el canto a la Pacha Mae de Alcides Rivas Ávila, Le Comte Blue y la musicalidad de Farruco Sexto.
La tristeza fue más fuerte que el cansancio, pues otro festival se iba con los amigos, el trasnocho, las risas y las continuas ofrendas al dios Baco. Se acabarán los sueños de los que viven en la ignorancia, pero la poesía seguirá germinando en los corazones de los hombres verdaderos.
Simón Zambrano

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